BAILES TIPICOS DE GRANADA.


 

Sobre el origen de la denominación flamenco se han esgrimido todo tipo de teorías. Unas lo hacen descendientes del  árabe, otras del sefardita  o  del  caló y  otras  lo relacionan con las aves del mismo nombre, por su actitud garbosa similar a la de un bailaor, o con los procedentes de Flandes (los flamencos) que vinieron  a repoblar gran parte de la Andalucía reconquistada. Lo cierto es que hacia el 1860 flamenco era sinónimo de gitano y gitano podía ser gitano o agitanado, que ambas posturas era consideradas flamencas. Por  otra  parte  encontramos  en las  crónicas  las denominaciones de género andaluz o gitanesco para referirse a lo flamenco. La moda de agitanarlo todo que     reino en la España de la segunda mitad del siglo XIX es providencial para el desarrollo del cante, el toque y el  baile, y mas allá de teorías sobre los orígenes de la palabra flamenco (esa especie de toreo musical) lo que mas nos interesa es el origen de las músicas que como tal lo definen.

                                                                                           

 

 

Los primeros datos sobre un tipo de música emparentada con el flamenco se remonta, sin embargo, a un siglo antes, mediados del XVIII .cuando el ambiente tonadillero, entre sainetes y romanceros, y el desarrollo cada vez mas patente de una escuela nacional de baile, entre otros elementos, sirve como sustrato que ha de propiciar la creación de los géneros flamencos con la llegada del siglo XIX. El arte flamenco como tal se manifiesta en los teatros y los cafés cantantes de

Cádiz, Sevilla y Jerez, principalmente, cuando un selecto grupo de cantaores, guitarristas y bailadores, de ambos sexos, advierten la excelente acogida que el público dispensa a esta clase de música. Por entonces la música francesa y principalmente la italiana campaban a sus anchas en toda la geografía española y, por eso, el andaluz, conciente de su madurez artística, en lo musical y lo bailable, reacciona   ante  esa  “invasión” y a partir de los cantos que conservaron los gitanos de mil razas distintas que vivieron y viven en  Andalucía, cantos que sincretizaron con los toques de las mas exquisitas tradición guitarristica española y con los bailes de la escuela española de palillos, crea una forma de interpretar la música andaluza  “por lo jondo” que aglutina y refleja, como ninguna otra forma de música conocida hasta entonces, la inmensa cultura musical de Andalucía. En estos cantos supieron identificar las distintas fuentes que nutrieron su cultura milenaria, abarcando en sus variantes estilistas el sentido de todo un pueblo,  las penas  y alegrias, el canto profundo y la danza provocadora. En unos pocos años antes el éxito obtenido por este nuevo tipo de música, los artistas propician la cristalización de determinados géneros o palos que día a día se ven enriqueciéndose con todo lujo de variantes.

La historiografía flamenca ha diseñado numerosas teorías sobre los orígenes de este singular arte andaluz. La mas extendida nos habla de una época hermética, en la que los gitanos andaluces cantaban sus letras reservándolas al ambiente intimo y familiar. Esta teoría, careciendo de soporte documental fiable, ha dado paso en los últimos años a nuevas perspectivas que proponen un origen teatral del flamenco. En esta epoca teatral es en la que se configuran poco a poco los generos que hoy conocemos como flamencos. Todo esto ocurre a partir de la segunda mitad del siglo XIX y tiene sus mas rotundos valedores en cantaores como El Planeta, aquel gaditano que fue considerado rey de los dos polos, o su alumno predilecto conocido como El Fillo de Puerto Real y , sobre todo, el gran Silverio, de apellido

 Franconetti, patriarca indiscutible de los primeros balbuceos del cante.

 

Silverio, hijo de italiano y andaluza, fue testigo de una época en la que los artífices del cante no ejercían en su mayoría como profesionales hasta que, a su vuelta tras unos años por América, comienza a cantar en Sevilla en un café cantante regentado por el mismo, interpretando con gran éxito un tipo de canto que acabara llamándose flamenco. Los géneros que surgen por entonces, aparte de los eminentemente bailables, son las llamadas seguidillas del sentimiento, la solea, la caña, las malagueñas y las guajiras. Por otra parte los géneros festeros, cantiñas, jaleos o tangos gozan a su vez de una calurosa acogida al ser interpretados con acento flamenco, desprendiéndose de su originaria cadencia popular. El recién nacido flamenco convivía con el teatro lírico, genero que incluía entre sus números cada vez con mas frecuencia cantos de raigambre popular, intercambiando elementos musicales constantemente. El tango zarzuelero, por ejemplo, proporciona compás y cadencia al flamenco, y este hace lo propio con el tango teatral. Un constante intercambio entre la escena y la taberna que mantuvo y mantiene vivo un tipo de música y de baile que, lejos de iniciarse en las cuevas a la luz de una hoguera, fue alumbrada por las lámparas de teatros y se mostró orgullosa siempre de una variadísima riqueza de estirpe andaluza.

 

 

 

De la generación de Silverio han llegado hasta nosotros nombres que debieron tener una gran importancia por lo que  de ellos se  comenta en las crónicas. La escuela gaditana con nombres como los de Enrique Ortega, Curro Dulce, Paquirrin el Guante o Enrique el Mellizo. La escuela jerezana con Manuel Molina, Paco de la Luz o el Loco Mateo, la escuela trianera con los caganchos, Ramón el Ollero o los Pelaos. Otros nombres que fueron sin duda sana competencia al grandiosos arte de Silverio fueron los de El Nitri, El Canario, Tío José el Granaino o El Chato de Jerez. Las mujeres jugaron a su vez un papel fundamental en el desarrollo del primer flamenco, con nombres como La Rubia de Cádiz, Dolores La Párrala, La Serneta, La África o Anilla la de ronda, entre otras. Los artistas son cada vez mas solicitados y en la región oriental bañada por el mediterráneo andaluz, Málaga, Granada, Almería, incluso las zonas mineras de Murcia, se apuntan a la fiebre Flamenca y cada día van en aumento los artista que apuestan por este nuevo arte, creado sin pausa un rico repertorio

Así cuando nace el siglo XX están básicamente diseñados los resortes sobre los que se sostiene el arte flamenco. Nombres como Fosforito, Juan Breva y Antonio Cachón participaran activamente el desarrollo del arte andaluz propagando su fama por todos los rincones de la península. Antonio Cachón, inspirado creador jerezano, sienta las bases de numerosos cantes que por entonces se encuentran dispersos, modelando, a partir de los distintos fandangos de las provincias orientales, cantes como la granaína y la taranta, fandangos locales que se inundan de melismas (a cada silaba le corresponde mas de una nota) flamencos y de jondura pasando a formar parte de los palos mas interpretados por los artistas. Cantaores como Manuel Torre o Pastora Pavón, “La Niña de los Peines”, otorgan carta de naturaleza a los tangos flamencos y todas sus variantes, cantaores que beben en el rico manantial de los genios gaditanos, de los cantaores de Jerez, de la escuela trianera, marcando las pautas sobre las que se ha de desarrollar el flamenco

Con la llegada del nuevo siglo nace una nueva forma del acercamiento del flamenco al público a traves de grandes espectáculos que reunian a un notable número de artistas. Esta época fue conocida como la opera flamenca, y tuvo un protagonista indiscutible: Pepe Marchena, quien en los años 20 aparece en el panorama flamenco influyendo notablemente en el desarrollo del cante, Su singular forma de  interpretar a lo flamenco otorga acentos renovados a esta expresión musical andaluza, haciendo las delicias de un publico que se agolpaba a las puertas de los teatros y plazas de toros para escuchar el arte de este genio del siglo XX. Su cante tenia un marcado acento “agachonado”, y por consiguiente poco gitano pero a su vez rotundamente flamenco, que trae como reacción el gusto por lo puramente gitano personalizado en el arte de otro flamenco universal: Manolo Caracol, quien influirá notablemente en el desarrollo musical del flamenco contando con numerosos incondicionales de su maestría cantaora. El cante vive en la época de Franco un desarrollo marcadamente folclórista y con predominio de la escuela marchenera, sin embargo el contrapunto de artistas como

Antonio Mairena i

nfluirá de forma notable  en la posterior evolución de las formas del cante

Con la llegada de los años sesenta, y como respuesta a la revolución juvenil que invadía todo el mundo occidental, dos personalidades marcan las pautas de una nueva forma de interpretar el flamenco que, sin desprenderse de los principios que marca la escolástica flamenca, aportan nuevos caminos que los jóvenes no dudaran en seguir: Camarón de la Isla y Paco de Lucia, cante y guitarra renovados que supondrán la internacionalización de un arte que  en sus orígenes fue andaluz y es hoy patrimonio de toda la humanidad,  y    que desde Nueva York a Japón, tiene incondicionales admiradores en todo el mundo. La renovación que propone Paco y Camarón tiene como contrapunto el arte de un cantaor enciclopédico que, siendo gran conocedor de los estilos más variados, tiene un papel fundamental en el desarrollo de las propuestas más vanguardistas: el cantaor granadino

 

 Enrique Morente.

 

 

La revolución del cante corre paralela a aquella vivida por la guitarra. El instrumento español por antonomasia vive en los primeros años del flamenco un desarrollo inusitado que los guitarristas andaluces sabrán aprovechar, creando el soporte musical idóneo a ese nuevo tipo de música. Es la época en la que Julián Arcas, creador a caballo entre la escuela clásica y la flamenca, o el maestro Patiño, acompañante habitual de Silverio, marcan las directrices técnicas sobre las que se ha de desarrollar la complicada técnicas  de la guitarra flamenca. Mas tarde llegaran geniales interpretes como Ramón Montoya, Paco de Lucena, Juan Gandulla “Habichuela”, Niño Ricardo, Sabicas, Esteban de Sanlucar o Melchor de Marchena. La guitarra vivirá desde entonces un protagonismo cada vez mas acentuado manteniendo el equilibrio expresivo tanto de las formas cantables como en las bailables, hasta independizarse y adquirir el rango de instrumento de concierto.

No podemos dejar de mencionar en este breve recorrido por la historia del flamenco el fenómeno del baile. Lo flamenco se manifiesta posiblemente por vez primera en su forma bailable, antes incluso que el cante o el toque. Una singularidad formada de bailar los aires andaluces que inundaban los teatros de la época forjo la estética que hoy conocemos como flamenca en personalidades como La Mancarrona, Concha La Carbonera, Pepa de Oro, La Malena, La Mejorana, Antonia  Mercé La Argentina, Laico, Antonio de Bilbao, El Estampío, Vicente Escudero, La Argentina y su hermana Pilar López, por citar algunos personajes fundamentales. El baile vivió entonces un desarrollo teatral que se vio renovado por el arte de Antonio Gades, manteniendo la estela actual con artista de la talla de Mariano Maya, El Guito o Manolote. A su vez el baile de mujer en particular y el flamenco en general se vio revolucionado por una artista personalísima que inoculo al baile una trascendental forma de interpretación:

 

 

Carmen Amaya

 

 

 

Hoy, a punto de comenzar el siglo XXI, en general el cante vive a la sombra del gran creador de la isla,

Camarón, así como la guitarra se desarrolla bajo los principios que impone Paco de Lucia. No obstante, entre fusiones y confusiones, el arte flamenco admite nuevas formas conservando el espíritu que lo engendro, la respuesta andaluza y española a las músicas foráneas, como emblema de un pueblo antiguo y sabio en lo musical como pocos existen en el mundo, creando un idioma universal que a todos agrada porque todos participan en su elaboración. Lejos de teorías raciales que intentan reducir los flamencos a unos pocos, se impone la plena participación de todos los que por estas tierras pasaron sedimentando lo mas granado de sus tradiciones, que fueron recogidas, elaboradas y regaladas al mundo entero para disfrute colectivo y gloria del arte de la música